Entré en una tienda de ahumados para comprar un cuarto de kilo de anguila y me atendió una mujer con una bata blanca y un gorrito verde. Si la vida fuese un viaje entre Sevilla y Bilbao, ella estaría a la altura de Despeñaperros, aunque lo llevaba sin desasosiego aparente. Yo le hablaba ya desde Burgos, quizá desde un poco más arriba, pero mis amigos dicen que parece que estoy en Burgos todavía.

Juan José Millás en El País.