La manifestación del sábado me produjo sensaciones muy extrañas:

  • No había gente joven. O por lo menos no eran la mayoría, como había pasado en otras ocasiones. Sobre todo en las manifestación contra la Guerra de Iraq.
  • La comunidad ecuatoriana apoyó, masivamente, la llamada de los organizadores.
  • Un fuerte sentimiento cívico. No hubo insultos, como ha ocurrido en las manifestaciones convocadas por la AVT. Apoyos a Zapatero, y críticas a Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón por no estar con los madrileños.
  • Una queja tranquila. Sin crispación.
  • Una esperanza. La unión de todos los demócratas para acabar con esta lacra que es el terrorismo.